sábado, 17 de octubre de 2009

EL SENTIDO COMÚN MATA


Hoy quiero pedirles, solo por una momento que se abran a la opción que se va a presentar. No escuchen como estudiantes universitarios. Quién no ha hablado con estudiantes universitarios antes: están muertos y son arrogantes.
El sentido común y la idealización son lo que nos mata. Nos aferramos a ellos con los dientes, ese es el “simio.” Todos nosotros nos vamos a morir y por eso no podemos ser elitistas y todos tenemos la opción a la libertad.
Lo que quisiera es que lo que aquí se exprese no sea vocabulario sino una opción transformativa para que los lleve más allá de lo que es permisible. Necesitamos un ápice de desesperación para emerger porque el mundo cotidiano no se va a componer, se va a empeorar y nosotros nos ponemos más viejos, más estúpidos, más seniles...
El anhelo es suficiente, uno tiene que tener la osadía de formalizarlo, de fortalecerlo, de hacer un llamado final, pero como estamos tan repletos de ideologías nunca llegamos.
El cuerpo humano es una máquina increíble, sofisticadísima, el cuerpo nos puede llevar hasta los confines del universo mismo, se pueden hacer viajes que desafían toda explicación, viajes hechos en cuestión de segundos. El cuerpo humano es una máquina increíble que cotidianamente sólo usamos lamentablemente para barrer...
En la psicología moderna se pone el parche para tratar de adaptarnos al mundo y ser más empedernidos en el yo personal. Hay cursos enteros de como ser agresivo en los negocios, como ser triunfador, como hacer lo que ustedes digan, como convencer a los otros y así no hay salida, así jamás podemos percibir nada, porque esos sólo son tremendos vuelos de la fantasía.
El problema es que desde niños nos transforman en personas ocupadísimas en el mundo social cuando esto es un sistema muy ineficaz porque para tratar con el mundo cotidiano no se necesita tanto esfuerzo, el mundo cotidiano no necesita tanta energía de nuestra parte y lo que realmente necesitamos es acabar con el ego y entonces cuando acabamos con él no nos toma tanta energía enfrentar el mundo.
Lo que nos roba la energía es que no podemos desligarnos del yo, tenemos que defender el yo, defender a la patria y nuestra cueva es el ego... Todos los seres humano están involucrados en un estado de ser que nos consume sin llevarnos a nada. Somos prisioneros de nuestros pensamientos, de ideas preconcebidas que nos son implantadas externamente. Vivimos pendientes de idealizaciones ajenas.
Estamos sepultados por nuestra educación social, engañados con percibir al mundo como un lugar de objetos duros y finalidades. Vamos hacia nuestras tumbas negando que somos seres mágicos; nuestra prioridad es servir al ego en vez de al espíritu.
La idea de que somos libres es una ilusión y un absurdo. Debemos comprender que el sentido común nos engaña porque la percepción ordinaria sólo nos dice una parte de la verdad. La percepción ordinaria no nos dice toda la verdad. Debe haber algo más que el mero paso por la tierra, que eso de sólo comer y reproducirnos.
El sentido común sería ese acuerdo al que hemos llegado tras un largo proceso educativo que nos impone la percepción ordinaria como la única verdad. "Precisamente, el arte del sabio consiste en llevar al aprendiz a descubrir y a destruir ese prejuicio perceptivo".

UN VIAJE HACIA LO ABSTRACTO

Nosotros estamos en un planeta prisión y si nos salimos tenemos que ser prófugos, se sale uno de la celda sin nada, no puedes decir: "es que en mi celda había un muñequito tan lindo que no puedo dejar".


Nosotros no estamos bien, nadie está bien. Ya no hay tiempo para eso de que el niño incomprendido que vive dentro de nosotros. No hay tiempo para eso, la introspección es que tú te oyes diciendo babas y después diciendo las mismas babas y esa es la desesperación interna que te hace tener el Intento para cambiar.


Si te encanta que te sirvan, ¿entonces para que quieres oír una propuesta de cambio?
Si en mi casa me limpian todo y me dan mi comidita tres veces al día, ¿para qué quieren a el conocimiento? Solo se puede ayudar a quien quiera dar un salto mortal y que diga: "No pienso que voy a vivir para siempre... ¡y suéltenme los toros!...


Hay que autoconocerse y acabar con las cosas que no nos sirven y eso te da energía y te lleva a percibir que no es ni bueno ni malo. La energía fluctúa y se te viene encima pero la egomanía no permite el paso de nada.


El cambio sólo llega cuando decides que no hay salida pero que hay otras opciones, y cuando no estás tan egomaniático como para enojarte el mundo, se arregla con el dedo chico de la mano y podemos dar un salto mortal al percibir.


Se empieza por recapitular la vida para ver donde nos aprieta el zapato y luego sin gritos ni psiquiatra uno entra naturalmente en estado de ahorro energético porque hay cargas que nos desgastan al máximo sin reportarnos beneficio y hay que deshacerse de ellas ya, el único modo es dándose cuenta de que tan aburrido es el mundo cotidiano nuestro y que tan aburridos somos cada unos de nosotros.


¿Por qué es tan difícil para el ‘simio’ hacer este viaje?
Percibimos mínimamente; entre mas asuntos tenemos en este mundo, mas difícil es decir adiós. Y todos los tenemos -todos queremos fama, queremos que nos quieran. Por Dios, algunos tenemos hijos. ¿Por que querría alguien irse? Usamos una cubierta, protegidos, tenemos nuestros momentos felices que nos duran el resto de nuestras vidas.


El simio tomara en consideración lo desconocido, pero antes de saltar exige saber; ¿Que hay para mí en esto? Somos hombres de negocios, inversionistas, acostumbrados a reducir nuestras perdidas - es un mundo de mercaderes. Si hacemos una “inversión,” queremos garantías. Amamos pero solo si somos amados también. Cuando ya no amamos más, cortamos la cabeza y la reemplazamos con otra. Nuestro amor es mera histeria.


No somos seres afectuosos, somos descorazonados. Uno piensa que sabe amar. Pero “¿Cómo podríamos? Nunca nos enseñaron que es el amor. Nos enseñaron a seducir, a envidiar, a odiar. Ni siquiera nos amamos a nosotros mismos - de otra manera no expondríamos el cuerpo a tantas barbaridades.


Pero el simio esta poseído por palabras y sintaxis. Debe entender a toda costa. Y debe haber un régimen para su entendimiento. Somos seres lineares: peligrosas criaturas de hábitos y repetición. Necesitamos saber: ¡Ahí esta el sitio del pollo! ¡Ahí esta la zapatería! ¡Ahí esta el lavado de autos! Y si un día alguno de ellos no esta ahí -nos volvemos loquitos.


El simio codicioso alcanza una semilla a través del enrejado y no puede renunciar al control. Hay estudios; nada lo hará soltar esa semilla. La mano seguirá sujetándola aun después de cortarle el brazo -morimos aferrados a la mierda. Morimos aferrados a souvenirs. Ser un sabio es tener la energía, la curiosidad y las agallas para soltar, para dar un salto mortal hacia lo desconocido -todo lo que uno necesita es un reacomodo, una redefinición.


Nuestro mundo es una aglutinación de detalle, una avalancha de glosas -no percibimos, meramente interpretamos. Y nuestro sistema de interpretación nos ha hecho flojos y cínicos. Preferimos decir “Esto es mentira” o “Este asunto de las opciones perceptuales simplemente no es para mi” ¿Que es para ti? ¿Que es “real?” ¿Este duro, mierdero, absurdo mundo cotidiano? ¿Son la desesperación y la senilidad lo real? Que el mundo sea “dado” y “definitivo” es un concepto falaz.


Desde una edad temprana obtenemos “membresía.” Un día, cuando hemos aprendido la taquigrafía de la interpretación, el mundo dice “bienvenido.” ¿Bienvenido a que? A prisión. Bienvenido al infierno. ¿Que tal si resulta que no estamos inventando nada? Si eso es cierto, entonces estas en un muy mal lugar.


Busquemos el viaje a lo absatracto-¡que emocionante! Pensar que este es el único mundo con-todo-incluido... ese es el epitome de la arrogancia. ¿Porque no abrir la puerta hacia otro cuarto? Esa es la herencia natural de los seres perceptores. Es tiempo de interpretar y construir nuevas glosas. De ir a un lugar donde no haya conocimientos a priori.


Pero si tenemos una oportunidad, por que nos quedamos en el arroyo? “Es muy calientito. No queremos irnos -odiamos decir adiós. Y nos preocupamos -uuu-fa, como nos preocupamos - ¡veintiséis horas al día! ¿Y de que crees que nos preocupamos?”. “¡Sobre mi! ¿Que hay de mi? ¿Que hay en ello para mi? ¿Que me va a pasar a mi? ¡Cuánta egomanía! Tan horrendo.


Somos sublimes, pero al simio demente le falta la energía para ver -así que la mente de la bestia prevalece. No podemos agarrar nuestra ventana de oportunidad, nuestro ‘centímetro cúbico de suerte. ¿Como podríamos? Estamos demasiado ocupados sujetando la mano de mama. Pensando que maravillosos somos, que sensibles, que únicos.


“La libertad es gratis,”
No puede ser comprada o entendida.
¿Quién está dispuesto a ser libre?

viernes, 16 de octubre de 2009

EL ÚLTIMO HOMBRE


Es tiempo de que el hombre fije su propia meta. Es tiempo de que el hombre plante la semilla de su más alta esperanza.
Todavía es bastante fértil su terreno para ello. Mas algún día ese terreno será pobre y manso, y de él no podrá ya brotar ningún árbol elevado.

¡Ay! ¡Llega el tiempo en que el hombre dejará de lanzar la flecha de su anhelo más allá del hombre, y en que la cuerda de su arco no sabrá ya vibrar!
Yo os digo: es preciso tener todavía caos dentro de sí para poder dar a luz una estrella
danzarina.

Yo os digo: vosotros tenéis todavía caos dentro de vosotros.
¡Ay! Llega el tiempo en que el hombre no dará ya a luz ninguna estrella. ¡Ay!
Llega el tiempo del hombre más despreciable, el incapaz ya de despreciarse a sí mismo.
¡Mirad! Yo os muestro el último hombre.

“¿Qué es amor? ¿Qué es creación? ¿Qué es anhelo? ¿Qué es estrella?” - así pregunta el
último hombre, y parpadea.
La tierra se ha vuelto pequeña entonces, y sobre ella da saltos el último hombre, que todo lo empequeñece. Su estirpe es indestructible, como el pulgón; el último hombre es el que más tiempo vive.

“Nosotros hemos inventado la felicidad” - dicen los últimos hombres, y parpadean.
Han abandonado las comarcas donde era duro vivir: pues la gente necesita calor. La gente ama incluso al vecino y se restriega contra él: pues necesita calor.
Enfermar y desconfiar considéranlo pecaminoso: la gente camina con cuidado. ¡Un tonto es quien sigue tropezando con piedras o con hombres!

Un poco de veneno de vez en cuando: eso produce sueños agradables. Y mucho veneno al final, para tener un morir agradable.
La gente continúa trabajando, pues el trabajo es un entretenimiento. Mas procura que el
entretenimiento no canse.

La gente ya no se hace ni pobre ni rica: ambas cosas son demasiado molestas.
¿Quién quiere aún gobernar? ¿Quién aún obedecer? Ambas cosas son demasiado molestas.
¡Ningún pastor y un solo rebaño! Todos quieren lo mismo, todos son iguales: quien tiene sentimientos distintos marcha voluntariamente al manicomio.

“En otro tiempo todo el mundo desvariaba” - dicen los más sutiles, y parpadean.
Hoy la gente es inteligente y sabe todo lo que ha ocurrido: así no acaba nunca de burlarse.
La gente continúa discutiendo, mas pronto se reconcilia - de lo contrario, ello estropea el estómago.

La gente tiene su pequeño placer para el día y su pequeño placer para la noche: pero honra la salud. “Nosotros hemos inventado la felicidad” - dicen los últimos hombres, y parpadean.

EL SUPERHOMBRE



El hombre es una cuerda tendida entre el animal y el superhombre, - una cuerda sobre un abismo.
Un peligroso pasar al otro lado, un peligroso caminar, un peligroso mirar atrás, un peligroso estremecerse y pararse. La grandeza del hombre está en ser un puente y no una meta: lo que en el hombre se puede amar es que es un tránsito y un ocaso.

Yo amo a quienes no saben vivir de otro modo que hundiéndose en su ocaso, pues ellos son los que pasan al otro lado.
Yo amo a los grandes despreciadores, pues ellos son los grandes veneradores, y flechas del anhelo hacia la otra orilla.
Yo amo a quienes, para hundirse en su ocaso y sacrificarse, no buscan una razón detrás de las estrellas: sino que se sacrifican a la tierra para que ésta llegue alguna vez a ser del superhombre. Yo amo a quien vive para conocer, y quiere conocer para que alguna vez viva el superhombre. Y quiere así su propio ocaso.
Yo amo a quien trabaja e inventa para construirle la casa al superhombre y prepara para
él la tierra, el animal y la planta: pues quiere así su propio ocaso.
Yo amo a quien ama su virtud: pues la virtud es voluntad de ocaso y una flecha del anhelo.
Yo amo a quien no reserva para sí ni una gota de espíritu, sino que quiere ser íntegramente
el espíritu de su virtud: avanza así en forma de espíritu sobre el puente.
Yo amo a quien de su virtud hace su inclinación y su fatalidad: quiere así, por amor a su virtud, seguir viviendo y no seguir viviendo.
Yo amo a quien no quiere tener demasiadas virtudes. Una virtud es más virtud que dos, porque es un nudo más fuerte del que se cuelga la fatalidad.
Yo amo a aquel cuya alma se prodiga, y no quiere recibir agradecimiento ni devuelve nada: pues él regala siempre y no quiere conservarse a sí mismo.
Yo amo a quien se avergüenza cuando el dado, al caer, le da suerte, y entonces se pregunta:
¿acaso soy yo un jugador que hace trampas? - pues quiere perecer.
Yo amo a quien delante de sus acciones arroja palabras de oro y cumple siempre más de lo que promete: pues quiere su ocaso.
Yo amo a quien justifica a los hombres del futuro y redime a los del pasado: pues quiere perecer a causa dé los hombres del presente.
Yo amo a quien castiga a su dios porque ama a su dios: pues tiene que perecer por la cólera de su dios.
Yo amo a aquel cuya alma es profunda incluso cuando se la hiere, y que puede perecer a causa de una pequeña vivencia: pasa así de buen grado por el puente.
Yo amo a aquel cuya alma está tan llena que se olvida de sí mismo, y todas las cosas están dentro de él: todas las cosas se transforman así en su ocaso.
Yo amo a quien es de espíritu libre y de corazón libre: su cabeza no es así más que las entrañas de su corazón, pero su corazón lo empuja al ocaso.
Yo amo a todos aquellos que son como gotas pesadas que caen una a una de la oscura nube suspendida sobre el hombre: ellos anuncian que el rayo viene, y perecen como anunciadores.

Mirad, yo soy un anunciador del rayo y una pesada gota que cae de la nube: mas ese rayo
se llama superhombre. -

SENSACIONES, PERCEPCIONES, IDEAS, CONCEPTOS Y PALABRAS




Toda sensación es un cambio elemental en el estado de la psiquis.

Existen sensaciones en cada una de las Seis Dimensiones básicas de la Naturaleza y del Hombre, todas ellas acompañadas de cambios elementales de la psiquis.

Las sensaciones experimentadas dejan siempre una huella en nuestra memoria. Tenemos dos tipos de memoria: la espiritual y la animal. La primera conserva los recuerdos de las sensaciones experimentadas en las Dimensiones Superiores del Espacio. La segunda conserva el recuerdo de las sensaciones físicas. Los recuerdos de las sensaciones constituyen las percepciones.

Toda percepción física o psíquica es, realmente, el recuerdo de una sensación.
Los recuerdos de las sensaciones se organizan en grupos que se asocian o se disocian, se atraen o se repelen.

Las sensaciones se bipolarizan en dos corrientes perfectamente definidas. La primera obedece al carácter de las sensaciones. La segunda obedece al tiempo de recepción de las sensaciones.

La suma total de varias sensaciones convertidas en causa común se proyecta externamente como objeto. Entonces, decimos: este árbol es verde, alto, bajo, tiene olor agradable, desagradable, etc. Cuando la percepción es en el Mundo Astral o en el Mental decimos: este objeto o sujeto tiene tales cualidades, tal color, etc. En este último caso la suma total de sensaciones es interna, y su proyección es también interna, pertenece a las dimensiones Cuarta, o Quinta, o Sexta, etc.

Las percepciones físicas las vemos con el aparato físico y, las psíquicas, con el aparato psíquico. Así como tenemos sentidos físicos de percepción, así tenemos también sentidos psíquicos de percepción. Todo aquel que recorre la senda de la Iniciación tiene que desarrollar estos sentidos psíquicos.

Los conceptos se forman siempre con los recuerdos de las percepciones. Así, los conceptos emitidos por los grandes Adeptos fundadores de religiones se deben a los recuerdos trascendentales de sus percepciones psíquicas.

La formación de percepciones conduce a la formación de las palabras y a la aparición del lenguaje. La formación de percepciones internas conduce a la formación del lenguaje mántrico y a la aparición del Lenguaje de Oro en que parlan los Adeptos y los Ángeles.

Es imposible la existencia del lenguaje cuando no hay conceptos, y no hay conceptos cuando no hay percepciones. Aquellos que lanzan conceptos sobre los Mundos Internos sin haberlos percibido jamás, por lo común falsean la realidad, aun cuando tengan buenas intenciones.

En los niveles elementales de la vida psíquica muchas sensaciones son expresadas con gritos, alaridos, sonidos, etc., que revelan alegría o terror, placer o dolor. Esto sucede en el mundo físico y también en los Mundos Internos.
La aparición del lenguaje representa un cambio en la Conciencia.

Así, también, cuando el discípulo ya comienza a parlar en el Lenguaje Cósmico Universal, se ha hecho un cambio de Conciencia. Sólo el Fuego Universal de la Serpiente y la disolución del Ego reencarnante puede provocar semejante cambio.

Concepto y palabra son una misma substancia. El concepto es interno y la palabra es externa. Este proceso es semejante en todos los niveles de la Conciencia y en todas las dimensiones del Espacio. Las ideas son únicamente conceptos abstractos.

Las ideas son conceptos más grandes y pertenecen al mundo de los Arquetipos Espirituales. Todas las cosas existentes en el mundo físico son copias de esos Arquetipos. Durante el Samâdhi, el Iniciado puede visitar en viajes astrales o superastrales el mundo de los Arquetipos Espirituales.

El contenido místico de las sensaciones y emociones trascendentales no puede ser expresado en lenguaje común. Las palabras sólo pueden sugerirlos, señalarlos. Realmente, sólo el Arte Regio de la Naturaleza puede definir esas emociones superlativas y trascendentales.

En toda civilización serpentina se conoció el Arte Regio. Las pirámides de Egipto y México, la Esfinge milenaria, los viejos monolitos, los sagrados jeroglíficos, las esculturas de los Dioses, etc., son los arcaicos testigos del Arte Regio que sólo hablan a la Conciencia y a los oídos de los Iniciados. El Iniciado aprende este Regio Arte durante el Éxtasis místico.

El Espacio, con sus propiedades, es una forma de nuestra receptividad sensible. Esto lo comprobamos cuando, mediante el desarrollo de los chakras, llegamos a percibir todo el Espacio en forma tetradimensional, en lugar de la forma tridimensional a la cual antes estábamos acostumbrados.
Las características del mundo cambian cuando cambia el aparato psíquico. El desarrollo de los chakras hace que el mundo cambie para el Iniciado. Con el desarrollo de los chakras eliminamos de nuestra mente los elementos subjetivos de las percepciones. Subjetivo es lo que no tiene realidad. Objetivo es lo Espiritual, lo Real.

Con el despertar de los chakras mediante la disciplina interna, viene un aumento de las características psíquicas. La novedad en el territorio psíquico obscurece los cambios que procesan simultáneamente en la percepción del mundo físico. Se siente lo nuevo, pero el Iniciado no es capaz de definir lógicamente y en forma axiomática la diferencia científica entre lo viejo y lo nuevo.

El resultado de semejante incapacidad es la falta de perfecto equilibrio conceptual. Es, pues, urgente lograr el equilibrio conceptual para que la exposición doctrinaria de los Iniciados pueda cumplir correctamente su finalidad.

El cambio de Conciencia es el objetivo verdadero de la disciplina esotérica.
Necesitamos la Conciencia Cósmica. Ésta es el sentido de una Conciencia del Cosmos; esto es, la vida y el orden del Universo.

La Conciencia Cósmica trae a la existencia un nuevo tipo de intelectualismo: la Intelección Iluminada. Dicha facultad es una característica del Superhombre. Existen tres tipos de Conciencia. Primera: Conciencia simple; segunda: Autoconciencia individual; tercera: Conciencia Cósmica. La primera la poseen las bestias. La segunda el animal intelectual llamado hombre. La tercera la tienen los Dioses.

Los rasgos más característicos de aquellos individuos preparados para recibir la Conciencia Cósmica es que miran al mundo como Mâyâ (Ilusión). Ellos presienten que el mundo, tal como la gente lo ve, es sólo una ilusión, y buscan la Gran Realidad, lo espiritual, lo verdadero, aquello que está más allá de la ilusión. Para el nacimiento de la Conciencia Cósmica es necesario que el hombre se entregue de lleno a lo espiritual, a lo interno.