viernes, 16 de octubre de 2009

SENSACIONES, PERCEPCIONES, IDEAS, CONCEPTOS Y PALABRAS




Toda sensación es un cambio elemental en el estado de la psiquis.

Existen sensaciones en cada una de las Seis Dimensiones básicas de la Naturaleza y del Hombre, todas ellas acompañadas de cambios elementales de la psiquis.

Las sensaciones experimentadas dejan siempre una huella en nuestra memoria. Tenemos dos tipos de memoria: la espiritual y la animal. La primera conserva los recuerdos de las sensaciones experimentadas en las Dimensiones Superiores del Espacio. La segunda conserva el recuerdo de las sensaciones físicas. Los recuerdos de las sensaciones constituyen las percepciones.

Toda percepción física o psíquica es, realmente, el recuerdo de una sensación.
Los recuerdos de las sensaciones se organizan en grupos que se asocian o se disocian, se atraen o se repelen.

Las sensaciones se bipolarizan en dos corrientes perfectamente definidas. La primera obedece al carácter de las sensaciones. La segunda obedece al tiempo de recepción de las sensaciones.

La suma total de varias sensaciones convertidas en causa común se proyecta externamente como objeto. Entonces, decimos: este árbol es verde, alto, bajo, tiene olor agradable, desagradable, etc. Cuando la percepción es en el Mundo Astral o en el Mental decimos: este objeto o sujeto tiene tales cualidades, tal color, etc. En este último caso la suma total de sensaciones es interna, y su proyección es también interna, pertenece a las dimensiones Cuarta, o Quinta, o Sexta, etc.

Las percepciones físicas las vemos con el aparato físico y, las psíquicas, con el aparato psíquico. Así como tenemos sentidos físicos de percepción, así tenemos también sentidos psíquicos de percepción. Todo aquel que recorre la senda de la Iniciación tiene que desarrollar estos sentidos psíquicos.

Los conceptos se forman siempre con los recuerdos de las percepciones. Así, los conceptos emitidos por los grandes Adeptos fundadores de religiones se deben a los recuerdos trascendentales de sus percepciones psíquicas.

La formación de percepciones conduce a la formación de las palabras y a la aparición del lenguaje. La formación de percepciones internas conduce a la formación del lenguaje mántrico y a la aparición del Lenguaje de Oro en que parlan los Adeptos y los Ángeles.

Es imposible la existencia del lenguaje cuando no hay conceptos, y no hay conceptos cuando no hay percepciones. Aquellos que lanzan conceptos sobre los Mundos Internos sin haberlos percibido jamás, por lo común falsean la realidad, aun cuando tengan buenas intenciones.

En los niveles elementales de la vida psíquica muchas sensaciones son expresadas con gritos, alaridos, sonidos, etc., que revelan alegría o terror, placer o dolor. Esto sucede en el mundo físico y también en los Mundos Internos.
La aparición del lenguaje representa un cambio en la Conciencia.

Así, también, cuando el discípulo ya comienza a parlar en el Lenguaje Cósmico Universal, se ha hecho un cambio de Conciencia. Sólo el Fuego Universal de la Serpiente y la disolución del Ego reencarnante puede provocar semejante cambio.

Concepto y palabra son una misma substancia. El concepto es interno y la palabra es externa. Este proceso es semejante en todos los niveles de la Conciencia y en todas las dimensiones del Espacio. Las ideas son únicamente conceptos abstractos.

Las ideas son conceptos más grandes y pertenecen al mundo de los Arquetipos Espirituales. Todas las cosas existentes en el mundo físico son copias de esos Arquetipos. Durante el Samâdhi, el Iniciado puede visitar en viajes astrales o superastrales el mundo de los Arquetipos Espirituales.

El contenido místico de las sensaciones y emociones trascendentales no puede ser expresado en lenguaje común. Las palabras sólo pueden sugerirlos, señalarlos. Realmente, sólo el Arte Regio de la Naturaleza puede definir esas emociones superlativas y trascendentales.

En toda civilización serpentina se conoció el Arte Regio. Las pirámides de Egipto y México, la Esfinge milenaria, los viejos monolitos, los sagrados jeroglíficos, las esculturas de los Dioses, etc., son los arcaicos testigos del Arte Regio que sólo hablan a la Conciencia y a los oídos de los Iniciados. El Iniciado aprende este Regio Arte durante el Éxtasis místico.

El Espacio, con sus propiedades, es una forma de nuestra receptividad sensible. Esto lo comprobamos cuando, mediante el desarrollo de los chakras, llegamos a percibir todo el Espacio en forma tetradimensional, en lugar de la forma tridimensional a la cual antes estábamos acostumbrados.
Las características del mundo cambian cuando cambia el aparato psíquico. El desarrollo de los chakras hace que el mundo cambie para el Iniciado. Con el desarrollo de los chakras eliminamos de nuestra mente los elementos subjetivos de las percepciones. Subjetivo es lo que no tiene realidad. Objetivo es lo Espiritual, lo Real.

Con el despertar de los chakras mediante la disciplina interna, viene un aumento de las características psíquicas. La novedad en el territorio psíquico obscurece los cambios que procesan simultáneamente en la percepción del mundo físico. Se siente lo nuevo, pero el Iniciado no es capaz de definir lógicamente y en forma axiomática la diferencia científica entre lo viejo y lo nuevo.

El resultado de semejante incapacidad es la falta de perfecto equilibrio conceptual. Es, pues, urgente lograr el equilibrio conceptual para que la exposición doctrinaria de los Iniciados pueda cumplir correctamente su finalidad.

El cambio de Conciencia es el objetivo verdadero de la disciplina esotérica.
Necesitamos la Conciencia Cósmica. Ésta es el sentido de una Conciencia del Cosmos; esto es, la vida y el orden del Universo.

La Conciencia Cósmica trae a la existencia un nuevo tipo de intelectualismo: la Intelección Iluminada. Dicha facultad es una característica del Superhombre. Existen tres tipos de Conciencia. Primera: Conciencia simple; segunda: Autoconciencia individual; tercera: Conciencia Cósmica. La primera la poseen las bestias. La segunda el animal intelectual llamado hombre. La tercera la tienen los Dioses.

Los rasgos más característicos de aquellos individuos preparados para recibir la Conciencia Cósmica es que miran al mundo como Mâyâ (Ilusión). Ellos presienten que el mundo, tal como la gente lo ve, es sólo una ilusión, y buscan la Gran Realidad, lo espiritual, lo verdadero, aquello que está más allá de la ilusión. Para el nacimiento de la Conciencia Cósmica es necesario que el hombre se entregue de lleno a lo espiritual, a lo interno.

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