¿Será que venimos de alguna lejana estrella, de alguna lejana constelación?
¿Será que tenemos una misión, que es la razón de ser de nuestra existencia?
¿Será tal vez que vinimos a aprender algo, a superar algo, a conquistar algo?
Tal vez a comprender que la felicidad puede estar ahora, no en el final del recorrido, sino en el mismo viaje, en el mismo tránsito.
O quizás todo esto sea necesario para poder reflejarnos y poder conocernos, para poder ver con los ojos del amor, en su mirada, a uno mismo...
Como una gota fuí de la marea
la playa me hizo grano de la arena.
Fuí punto en multitud por donde fui
nadie me detectó y así aprendí.
Cuando creí colmada la tarea
volví mi corazón a Casiopea.
Unas veces me siento
como pobre colina
y otras como montaña
de cumbres repetidas.
Unas veces me siento
como un acantilado
y en otras como un cielo
azul pero lejano.
A veces uno es
manantial entre rocas
y otras veces un árbol
con las últimas hojas.
Cumplí celosamente nuestro plan:
por un millón de años esperar.
Hoy llevo el doble dando coordenadas
pero nadie contesta mi llamada.
¿Qué puede haber pasado a mi señal?
¿Será que me he quedado sin hogar?.
Pero hoy me siento apenas
como laguna insomne
con un embarcadero
ya sin embarcaciones
Una laguna verde
inmóvil y paciente
conforme con sus algas
sus musgos y sus peces
Sereno en mi confianza
confiado en que una tarde
te acerques y te mires
te mires al mirarme.
Hoy sobrevivo apenas a mi suerte
lejano de mi estrella de mi gente.
El trance me ha mostrado otra lección:
el mundo propio siempre es el mejor.
Me voy debilitando lentamente
Quizás ya no sea yo cuando me encuentren.
Unas veces me siento
como pobre colina
y otras como montaña
de cumbres repetidas
Unas veces me siento
como un acantilado
y en otras como un cielo
azul pero lejano
A veces uno es
manantial entre rocas
y otras veces un árbol
con las últimas hojas
Pero hoy me siento apenas
como laguna insomne
con un embarcadero
ya sin embarcaciones
Una laguna verde
inmóvil y paciente
conforme con sus algas
sus musgos y sus peces
Sereno en mi confianza
confiado en que una tarde
te acerques y te mires
te mires al mirarme.
Silvio Rodríguez/Mario Benedetti
miércoles, 20 de enero de 2010
viernes, 1 de enero de 2010
LA EMOCIÓN DEL IDEAL
Cuando pones la proa visionaria hacia una estrella y tiendes el ala hacia tal excelsitud inasible, afanoso de perfección y rebelde a la mediocridad, llevas en ti el resorte misterioso de un Ideal. Es ascua sagrada, capaz de templarte para grandes acciones. Custódiala; si la dejas apagar no se reenciende jamás. Y si ella muere en ti, quedas inerte: fría bazofia humana.
Sólo vives por esa partícula de ensueño que te sobrepone a lo real. Ella es el lis de tu blasón, el penacho de tu temperamento.
Innumerables signos la revelan: cuando se te anuda la garganta al recordar la cicuta impuesta a Sócrates, la cruz izada para Cristo y la hoguera encendida a Bruno; -cuando te abstraes en lo infinito leyendo un diálogo de Platón, un ensayo de Montaigne o un discurso de Helvecio; -cuando el corazón se te estremece pensando en la desigual fortuna de esas pasiones en que fuiste, alternativamente, el Romeo de tal Julieta y el Werther de tal Carlota; -cuando tus sienes se hielan de emoción al declamar una estrofa de Musset que rima acorde con tu sentir; -y cuando, en suma, admiras la mente preclara de los genios, la sublime virtud de los santos, la magna gesta de los héroes, inclinándote con igual veneración ante los creadores de Verdad o de Belleza.
Todos no se extasían, como tú, ante un crepúsculo, no sueñan frente a una aurora o cimbran en una tempestad; ni gustan de pasear con Dante, reír con Moliére, temblar con Shakespeare, crujir con Wagner; ni enmudecer ante el David, la Cena o el Partenón.
Es de pocos esa inquietud de perseguir ávidamente alguna quimera, venerando a filósofos, artistas y pensadores que fundieron en síntesis supremas sus visiones del ser y de la eternidad, volando más allá de lo real.
Los seres de tu estirpe, cuya imaginación se puebla de ideales y cuyo sentimiento polariza hacia ellos la personalidad entera, forman raza aparte en la humanidad: son idealistas. Definiendo su propia emoción, podría decir quien se sintiera poeta: el Ideal es un gesto del espíritu hacia alguna perfección.
José Ingenieros
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